El miedo no es buen consejero para los padres de hijos plurilingües

Félénk vitéznek szalad a vára

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Desde el punto de vista del plurilingüismo, en cada edad infantil surgen diferentes dificultades por lo que todos estos padres podrán encontrar informaciones útiles en las consultas informativas, webinars o talleres, sin embargo, el mayor interés suele provenir de los progenitores de niños de poca edad.  A veces algunos de ellos mencionan que han acudido a mí porque no quieren que les pase lo que le ha ocurrido a un conocido suyo, cuyos hijos ya no hablan su lengua de origen. Dichos conocidos suelen preferir no compartir su dificultad, aunque quizá necesitarían solo una pequeña ayuda con la que podría mejorar su situación.

 

Por eso me hizo ilusión cuando en un taller dos madres se animaron a contarme que sus hijos preadoscelentes ya no hablaban el polaco, su lengua de origen. Una de ellas me llamó la atención durante la charla con un público mayoritariamente muy activo y que a menudo me interrumpía al llegar a la explicación de una situación con el que se identificaban, ya que ella permanecía en silencio. Ni siquiera al final se dirigió a mí con alguna pregunta. Pensé que a lo mejor podría preguntarle yo directamente si le interesaba alguna cosa particular. A lo que respondió que ella “cree que los niños hablarán hasta los 4 o 5 años la lengua de origen y luego hagan lo que hagan las madres, pasarán a la lengua del colegio. Para esto no hay ningún remedio.” Sus hijos dejaron de hablar su lengua a pesar de que ella había intentado hacer todo lo posible pero ahora ya no la entendían.  

Esta última afirmación me llamó la atención porque muchos padres la repiten. No hay padre que eduque un hijo plurilingüe al que no hubiera ocurrido que sus hijos se dirigieran a él en otra lengua. Y esto en sí no es importante, sino la manera cómo nosotros interpretamos este hecho, porque esto sí que influye mucho en si al final el niño mantiene o pierde su lengua de origen.

No hace falta preocuparse demasiado si nos contesta en otra lengua porque de repente se le ocurrió hablar de un tema en otro idioma porque tenía lugar en un contexto lingüístico diferente. Hubiera podido decirlo en la familiar, pero le salió así. En la celeridad de la actividad cotidiana a veces la rapidez cobra prioridad y no se debe a ninguna decisión especial.

Asimismo, puede ocurrir que no le venga a la cabeza la primera palabra en su lengua de origen y después de un microsegundo de vacilación construya toda la frase en el otro idioma.

Como los niños plurilingües no suelen aprender todas sus lenguas con el mismo ritmo, puede pasar que de repente sepan decir muchas más cosas en una que en otra. Es decir, le gustaría hablar de un tema determinado, pero en una de sus lenguas todavía no conoce suficiente terminología.

¿Cómo podemos ayudarle en este caso?  Por ejemplo, intentando que en nuestra parte del diálogo incluyamos el vocabulario que le pueda faltar del aquel tema. Si percibiendo su dificultad en seguida cambiamos de tema o de lengua conducidos por el temor de que no nos entienda o porque no queremos seguir viendo cómo sufre con este esfuerzo, le robamos la oportunidad de aprender. En cambio, si seguimos la conversación le proyectamos confianza en él ya que le damos a entender que no dudamos de que nos entienda, aunque siga con su otra lengua o mezcle los diferentes idiomas. 

Todos tenemos el vocabulario pasivo más amplio que el activo. En el caso de los plurilingües esta brecha puede ser todavía más significativa. Es decir, el que no habla, puede entender mucho. Sobre todo, en el caso de niños que con 4 o 5 años todavía hablaban activamente aquella lengua en la que ahora empiezan a callar.

Y ahora voy a volver a otra madre de aquel público del taller. Ella llegó con una niña de algo más de un año y continuamente interrumpía el discurso a veces con sus afirmaciones a veces añadiendo comentarios. Apenas podía esperar la parte interactiva del evento para compartir sus dudas con el grupo. Luego contó que sus dos hijos mayores tampoco hablaban ya polaco con ella, sin embargo, vino al taller para informarse sobre qué hacer de manera diferente con esta pequeña, la tercera, para que ella sí mantenga la lengua. Añadió, además, que mientras sus hijos mayores entre ellos hablaban en catalán, ahora, con la pequeña utilizaban el polaco, como ella. Así la llegada de un nuevo miembro de la familia puede cambiar las costumbres lingüísticas, aunque todavía no sepa hablar. Para subrayar mi consejo en el taller, explicó otro ejemplo: un día, cuando los niños volvieron del colegio le contaron algo que ella no entendía bien, y los niños al ver que no había otra manera, se lo aclararon en polaco.

Era evidente que los niños no habían olvidado su lengua completamente. A lo mejor no habían recibido suficientes oportunidades para practicarla. ¡No tengamos miedo a utilizar con ellos nuestra lengua, aunque parezca que no nos entiendan!